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domingo, 30 de mayo de 2010

Suicida Inmortal

Revolver
Esta es la historia de un un hombre cansado de la vida, con unos problemas que cree irresoluble y que ha tomado una decisión que no admite vuelta atrás, la de suicidarse. Sabe que su compañero de piso esconde una pistola en algún lado, la busca, la encuentra y la nota algo extraña, pero no le echa cuenta.

Lo que no sabe, es que ese arma es muy peculiar, ya que está regida por la leyes de la física cuántica. Su compañero de piso, físico, la ha modificado de forma que cuando se aprieta el gatillo solo dispara si una partícula subatómica que tiene en su interior, está girando en un determinado sentido. Para este arma ha decidido que si gira hacia la izquierda, la siniestra, entonces dispara.

Debido a las leyes de la física cuántica hay un 50% de posibilidades de que esté girando en un sentido u otro, es decir, cuando se aprieta el gatillo, puede disparar o no.

Nuestro suicida se prepara y aprieta el gatillo. Pero no se dispara. Bueno, ha tenido suerte... o no, según a quien preguntes. Toma aliento, está decidido y lo vuelve a repetir, aprieta el gatillo y nada. Extrañado, vuelve a intentarlo, ya un poco más por curiosidad, pero sigue sin disparar.

Entonces supone que no funciona, apunta hacia otro lado y aprieta el gatillo, y esta vez dispara. No puede creer la mala suerte que tiene. Se vuelve a apuntar hacia la cabeza, se dispone a apretar el gatillo, pero esta vez aprieta una y otra vez, sin parar una docena de veces. Y nada. Apunta hacia otro lado y curiosamente solo dispara al tercer intento. Pero al fin y al cabo ha disparado, ha conseguido dispararla dos veces al menos. Así que no ceja en su intento y continua apretando el gatillo una y otra vez, cada vez más desesperado y sin conseguir suicidarse.

Revolver infinitoLo dejamos ahí, intentándolo una y otra vez, y vamos a casa de su vecino y amigo, que estaba al corriente de su estado de animo. Se encuentra leyendo tranquilamente, cuando de repente escucha un disparo y lógicamente se imagina lo peor. Así que sale corriendo y con la copia de la llave que le había dejado, entra en casa de nuestro suicida. Y allí se lo encuentra.... muerto, con un disparo en la cabeza.

¿Pero como puede ser? Si ha realizado dos disparos y entre uno y otro se ha llevado un buen rato intentando pegarse uno. ¿Como puede ser que el amigo, solo haya escuchado un disparo e inmediatamente lo haya encontrado muerto?

Esto no cuadraría en un novela de detectives. Inmediatamente se ve que esto haría aguas por todos lados, ya que no tiene lógica. ¿o si la tiene?. Todo depende de en que mundo nos movamos, o mejor dicho en que realidad nos movamos.

Y es que nos estamos moviéndonos con la física cuántica, la cual es más que curiosa y tiene unos efectos de lo más extraño. Lo que nuestro suicida amigo, intentaba con ese peculiar arma, es un suicidio cuántico. Y no ha podido elegir peor arma, ya que -para él- jamas conseguirá matarse, aunque para los demás sí lo consiga. ¿piensas que otra vez estoy diciendo cosas sin sentido?. Lo explico.

El hecho de que el arma solo dispare si la partícula subatómica, esta girando en un sentido en concreto, hace que tengamos dos posibilidades; dispara si o no.

Cuando aprieta el gatillo la realidad, el universo, se divide para dar cabida a las dos posibilidades. En el primero se pega un tiro, muere y ya no hay más posibilidades. En otro no se dispara y tiene la posibilidad de volverlo a intentar. Así que cuando lo intenta vuelve a dividirse el universo en dos y el proceso se repite infinitamente.

Desde el punto de vista del suicida, cuando muere se acabó, no puede seguir siendo consciente de nada, punto muerto, nunca mejor dicho. Pero para la versión en la que no se dispara, sigue siendo consciente y comprueba que no se ha disparado, al volver a apretar el gatillo, se vuelve a repetir todo otra vez, todas las veces que lo haga. Por lo que a sus ojos, que es la versión que siempre vive, nunca consigue dispararse.

Pero si acudimos a un observador externo, este estará en los dos universos y puede verlo en uno muerto y en otro vivo. Así que en este caso, el amigo que llegó, está en una de las versiones del universo donde la pistola sí había disparado matándolo.

MultiversoTodo esto no es una loca idea mía, ¡que más quisiera!. Esto es una puesta en escena de un experimento imaginario propuestos por los científicos Hans Moravec (1987) y Bruno Marchal (1988), y desarrollado por Max Tegmark en 1998. Para distinguir entre la interpretación de Copenhague (en donde al final el suicida consigue su objetivo, matarse) y la teoría de los universos múltiples, que tiene como resultado lo anteriormente contado, con nuestro suicida inmortal intentándolo una y otra vez.

El tema también curioso, es que si esto se pudiese llevar a la práctica y tuviésemos además a un voluntario dispuesto a pegarse el tiro (!), podría obviamente, pasar dos cosas: Una, se pega el tiro y vemos como muere. Por lo que no sacamos nada en claro. Y dos, lo intenta una y otra vez, y cuando se cansa de apretar el gatillo y aún sigue vivo, podría pensar que ha tenido una suerte enorme y nunca ha girado la partícula subatómica hacia la siniestra. Por lo que nos quedamos como al principio.

Pero aún así, no deja de ser un ejercicio mental de lo más interesante, si no, prueba a imaginártelo... y si no quieres imaginarlo, puedes leer una novela corta, muy buena, de Edgan Gred, "El asesino infinito", que gira sobre este tema. Que después de haber leído todo lo anterior, se entenderá mucho mejor.

viernes, 26 de marzo de 2010

Ciudad Permutación

Portada de Ciudad Permutación
Te imaginas la posibilidad de poder hacer una copia de tu cerebro, tu conciencia, tu capacidad de razonamiento a un computador y que esa copia tuya dentro del computador tuviese consciencia de si misma. Dentro de ese computador podrías recrear cualquier realidad virtual que deseases, y vivir en él el tiempo que fuese capaz de seguir funcionando el computador, 100 años o mil, ya que podrías, como cualquier software, pasarlo de una máquina a otra.

Sobre este supuesto -mejor explicado- y mucho más amplio trata el libro Ciudad Permutación, escrito en 1994 por Greg Egan, donde cuenta la historia de Durham, que “casualmente” queda iluminado por el conocimiento de como poder crear un mundo simulado por ordenador y la manera de trasladarse allí, además de hacer que ese mundo se haga independiente del computador y que exista por si mismo.

Una mezcla entre filosofía e informática. Plantea una serie de cuestiones filosóficas muy interesantes para los que nos gusta pensar sobre otras alternativas.

Es un libro de pura y dura ciencia-ficción. No confundir con fantasía, como se suele hacer -desgraciadamente- en muchas librerías donde el género de ciencia-ficción está en la misma estantería (y algunas veces mezclado) con libros de fantasía (de dragones y magos).

En el libro, se razona sobre la posibilidad de copiar tu mente en un computador, de manera que seas consciente y no un simple programa. Posibilitandote el vivir eternamente y además de poder hacerlo en el mundo que tu quieras diseñar.

Un libro entretenido y que hace pensar. No es un libro para echar el rato, ya que si no lo usas para cuestionarte o plantearte nuevas realidades, estarías desperdiciando gran parte del potencial de libro.

Ciudad Permutación, es un libro totalmente recomendable, del cual dejo a continuación la contraportada del libro:

En un futuro no muy lejano la inmortalidad parece un hecho factible. La mente de los seres humanos puede cargarse en un sistema informático para producir ”copias”, personas virtuales con todos los recuerdos y la identidad intactos. Estas copias, en nada distintas de los seres originales, pueden interaccionar y, en definitiva vivir una existencia plena y completa que parece llamada a alcanzar la eternidad.

Las Copias solo tienen un punto vulnerable, necesitan que las redes mundiales de ordenadores donde residen sean estables. Paul Durham, obsesionado por la vida artificial y la realidad virtual, ha tenido una visión casi inconcebible, una solución que parece el sueño descabellado de un dios.

Durham ofrece a las millonarias Copias un nuevo universo virtual que trasciende el espacio. El tiempo. La evolución, la naturaleza de la materia y la precaria realidad de la vida en el universo. Sin embargo, la eternidad tampoco esta exenta de problemas…

Las ideas parecen desbordar las paginas de esta fulgurante novela de Greg Egan, la nueva y extraordinaria gran revelación de la narrativa australiana, un autor dotado de una imaginación apocalíptica y deslumbrante.

Novela finalista del premio Philip K. Dick.
Novela finalista del premio de la Ciencia Ficcion británica (BSFA)

«Greg Egan revela maravillas con una maestría narrativa solo comparable con su audacia.»
-The New York Review of Science Fiction.



sábado, 16 de enero de 2010

La realidad que nos rodea la percibimos en gran medida por nuestro ojos. Pero, ¿podemos ver la infinidad que nos rodea?

Escalera interior de la Catedral de Salamanca
Se supone que las imágenes que vemos del mundo son infinitas, es decir, si cojo solo el marco de un cuadro y miro a través de él, ¿veré un infinito número de imágenes?. ¿Tendría un infinito número de cuadros?

A priori parece que sí. Podemos tener un cuadro de una montaña, de una flor, de un coche, etc.

Bueno pues según el siguiente razonamiento esto es falso, el número de imágenes es finito, y a partir de un cierto momento tendremos ¡imágenes repetidas! ¿Que como puede ser esto?, pues empezaré explicándolo con un ejemplo simple y luego lo aplicaré a este caso.

Supongamos que en vez de mirar por el marco de un cuadro, el mundo lo percibimos a través de un monitor de ordenador, el cual muestra las imágenes de una cámara digital de vídeo. Es decir, tenemos una cámara sujeta a la cabeza y unas gafas que tienen un monitor en donde vemos el mundo a través de la “percepción” de la cámara.

Si el monitor muestra como en todo ordenador los colores en sus componentes RGB con 256 posibilidades por cada componente, tenemos que cada píxel puede tomar 256*256*256=16.777.216 colores distintos si el monitor tuviese 4 pixels podríamos ver 16.777.216^4=79.228.162.514.264.337.593.543.950.336 imágenes distintas.

Ya se que es una cifra enorme, pero... a partir de este número se repiten las imágenes. Supongo que ya sabes por donde voy, si el monitor es de 1024*768 pixels, tendremos que el número de imágenes que podemos ver es de 16.777.216^(1024*768) imágenes distintas, que efectivamente es una cifra super-mega-astronómica, pero lo importante es que a partir de ese número, ¡¡las imágenes se repiten!!

Es decir, que enfoquemos lo que enfoquemos, después de haber recibido 16.777.216^(1024*768) imágenes distintas, estaremos viendo imágenes repetidas. ¡El mundo infinito lo percibiríamos finito!

Y si esto lo pasamos a nuestros propios ojos, es lo mismo. Nosotros recibimos las imágenes por estímulos en nuestros ojos, y llegando a la escala más pequeña, tenemos un umbral a partir del cual se diferencia una imagen de otra, un quantum por el que un ‘pixel’ es diferente de otro, tenemos un máximo y un mínimo para percibir las longitudes de ondas y la luz la componen fotones que se agrupan en paquetes. Es decir que al igual que en el monitor hay un número de imágenes a partir de la cual es otra vez lo mismo (sí es astronómico, pero por muy grande que sea ¿que es comparado con el infinito?).

Además curiosamente, yendo al primer ejemplo del monitor de 4 pixels, este es capaz de mostrar más de 1.300 millones de imágenes distintas que nosotros identificaremos como iguales, ya que el ojo humano 'solo' puede distinguir 10 millones de colores y como vimos un pixel en un monitor puede mostrar más de 16 millones de colores, de los cuales más de 6 millones son para nosotros iguales.

Es decir, a ‘primera vista’, parece que con estos ojos veremos una infinidad de imágenes y por lo descrito anteriormente 'vemos' que no es así.

Vivimos rodeados de un universo de imágenes infinitas de las que vemos un número finito y luego... a repetir.